Revista HUMANía

OpenAI escucha a los votantes: habrá más centros de datos

Futurism

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Collage periodístico de Sam Altman con un desgarro de papel que atraviesa su sonrisa, una urna, vecinos en protesta y centros de datos en construcción.Imagen creada con IA

Los votantes estadounidenses han enviado un mensaje bastante comprensible sobre los centros de datos: quieren más límites. OpenAI ha respondido que seguirá invirtiendo para atender la demanda. La escucha activa, al parecer, es compatible con mantener el plan de obras.

Según relata Futurism, la directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, defendió en una entrevista con CNBC del 6 de noviembre que la compañía continuará buscando capital y ampliando su capacidad informática. Su argumento es que existe demanda de inteligencia artificial y hay que satisfacerla. También prometió seguir trabajando con las comunidades para construir confianza.

El problema es que vender servicios de IA y obtener el consentimiento de quienes convivirán con su infraestructura son dos asuntos distintos.

Las urnas piden límites a los centros de datos

El recuento de Ballotpedia sobre las consultas locales de 2026 permite precisar el alcance del rechazo: en 40 de las 41 votaciones celebradas el 3 de noviembre, el resultado favoreció limitar el desarrollo de centros de datos.

No fueron 40 prohibiciones. Hubo vetos completos o parciales, moratorias, requisitos adicionales y consultas no vinculantes. En algunos municipios se aprobaron restricciones; en otros se rechazaron propuestas que habrían facilitado estas instalaciones.

La excepción fue Harwood, en Dakota del Norte, donde los electores rechazaron exigir una revisión adicional para determinados proyectos industriales, incluidos los centros de datos.

Son decisiones locales sobre actuaciones concretas. No equivalen a un referéndum nacional contra toda la inteligencia artificial, pero tampoco pueden reducirse a un malentendido que se arregla explicando mejor las bondades del producto.

OpenAI promete transparencia y mantiene la expansión

La compañía ha anunciado cambios en su relación con los municipios. Según The Verge, en su información sobre los nuevos compromisos de OpenAI, dejará de utilizar acuerdos de confidencialidad con cargos públicos, aunque mantendrá protecciones limitadas para información de seguridad, secretos comerciales y otros datos sensibles.

OpenAI promete pagar la electricidad y la infraestructura que necesita, detallar los empleos previstos y pactar compromisos locales. Presentar como un gesto de generosidad que una empresa pague lo que consume ya tiene su mérito publicitario. A juzgar por las declaraciones de Friar, las urnas tampoco parecen motivo para replantear la expansión: toca explicar mejor el proyecto hasta que los vecinos comprendan lo conveniente que resulta aceptarlo. La confianza se construye, sí, pero con el desenlace decidido de antemano.

A Sam Altman, mientras tanto, las urnas le desmontaron la sonrisa de vendedor del futuro: se apresuró a proclamar en X que las personas deben conservar el control.

Una convicción democrática que ahora tiene una prueba incómoda: aceptar que esas personas utilicen el control para decirle que no.

La mirada HUMANía: los vecinos no son una objeción de ventas

El rechazo ciudadano a los centros de datos plantea una disputa sobre quién decide las condiciones de su expansión. Que una tecnología tenga clientes justifica un negocio; no resuelve por sí solo dónde debe instalarse ni qué obligaciones debe asumir.

Construir confianza exige aceptar que una comunidad puede imponer condiciones, pedir cambios o rechazar un proyecto. Si el diálogo solo admite como desenlace conseguir la capacidad informática que necesita la empresa, los vecinos participan en una presentación comercial con turno de preguntas.

OpenAI puede defender sus inversiones. Los municipios pueden defender sus límites. La prueba de esa nueva disposición a escuchar llegará cuando ambas cosas resulten incompatibles.

Porque escuchar un «no» y anotarlo como «pendiente de convencer» sigue sin ser escuchar.

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