HUMANía
Predicciones 2026: la IA se queda, el sentido común no
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Menos promesas de superinteligencia, más algoritmos decidiendo por nosotros.
2026 no es el año en el que la inteligencia artificial se vuelve consciente.
Es el año en el que se vuelve imprescindible, invisible y mandona.
Después de una década de hype, discursos épicos y demos infladas, la IA aterriza en la realidad: modelos más pequeños, agentes autónomos organizando empresas, wearables leyendo cerebros y centros de datos alimentados con turbinas de avión.
No veremos la AGI que nos prometieron.
Veremos algo peor: sistemas mediocres tomando decisiones críticas, a escala global, sin demasiadas preguntas.
Este capítulo no va de datos infinitos ni de futurología optimista.
Va de qué viene de verdad, y de qué no vamos a ver, aunque nos lo sigan vendiendo como progreso.
Puntos clave
- Los modelos pequeños sustituyen a los gigantes: menos épica, más eficiencia y mucho más control distribuido.
- La AGI pierde protagonismo, pero la IA entra en todos los rincones de la vida cotidiana.
- Los agentes autónomos dejan de asistir y empiezan a dirigir procesos, personas y decisiones.
- El trabajo humano se convierte en datos de entrenamiento para su propia automatización.
- ChatGPT, Google y la voz se consolidan como intermediarios entre el mundo y el usuario.
- Gafas, anillos y neurotecnología normalizan la monitorización constante del cuerpo y la mente.
- El contenido generado por IA satura redes, campañas políticas y conversaciones públicas.
- Asia acelera: China produce robots, chips propios y marca el ritmo industrial.
- La energía necesaria para la IA contradice cualquier discurso verde.
- La privacidad deja de ser un derecho práctico y pasa a ser un recuerdo histórico.
- Los deepfakes convierten la confianza digital en un problema estructural.
- La tecnología se encarece mientras los bancos empiezan a desconfiar de la propia burbuja que financiaron.
- No llega la superinteligencia, pero sí un sistema que decide sin entender.
Artículos de Referencia
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2025-12-30/bob-latiff-ia-control-nuclear-1qrt_4187717
https://theconversation.com/la-amenaza-cuantica-que-se-avecina-preparativos-para-el-dia-q-222778
https://www.forbes.com/sites/robtoews/2025/12/22/10-ai-predictions-for-2026
https://es.wired.com/articulos/seis-predicciones-para-un-2026-plagado-de-ia
https://es.wired.com/articulos/adios-smartwatches-los-wearables-de-nueva-generacion-leen-tu-cerebro
https://www.xataka.com/robotica-e-ia/para-openai-2026-va-a-tener-protagonista-claro-voz
Transcripción
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Muy buenos días humano, domingo 4. Ya estamos en 2026… Se nos acabaron las rimas facilonas que nos hacen perder oyentes. Hemos llegado, hemos sobrevivido, aquí estamos a pesar de la IA. Y digo a pesar, porque no es gracias a la IA. Por ahora. Vamos a ver que se cuece este año en el…
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Muy buenos días humano, domingo 4. Ya estamos en 2026…
Se nos acabaron las rimas facilonas que nos hacen perder oyentes.
Hemos llegado, hemos sobrevivido, aquí estamos a pesar de la IA.
Y digo a pesar, porque no es gracias a la IA. Por ahora.
Vamos a ver que se cuece este año en el mundo, que ya sabes…
Es cada vez más IA. Y no parece que vaya a ir a menos.
Si 2025 fue el año de los fuegos artificiales, 2026 promete ser el año de los extintores:
avances deslumbrantes acompañados de realidades incómodas.
Detrás de cada titular optimista hay un generador de Boeing 747 rugiendo para alimentar
servidores y, detrás de cada pulsera inteligente, una mano ansiosa por captar datos…
Seguiremos el mismo formato, en este caso; 6 cosas que nos vienen…
Y 4 que nos parece claro, no veremos.
Aunque en este mundo de locos, no podemos estar seguros de nada.
Un día eres el presidente de uno de los principales países petroleros del mundo.
Y al día siguiente eres un secuestrado político… (sin ser tu nada de eso).
En fin, a pesar de los pesares… nos la vamos a jugar, y no solo nos mojamos…
Repetimos. No aprendemos.
Nos re mojamos…
Después de varios años persiguiendo modelos cada vez más grandes,
la industria ha descubierto la magia de los modelos pequeños.
Ahora resulta que las pequeñas redes superan a los gigantes:
son más baratas, eficientes y fáciles de desplegar en dispositivos cotidianos.
De pronto, entrenar un modelo que quepa en tu reloj inteligente es
más atractivo que uno que requiera una central eléctrica entera.
Este giro hacia la mesura llega acompañado de un descenso en la fiebre de la AGI.
Parece que el debate sobre AGI perderá fuelle en favor de problemas más terrenales.
En otras palabras, no veremos un robot haciendo tu desayuno,
pero sí veremos algoritmos en todas partes…
después de vendernos durante años la idea de que los modelos gigantescos
serían nuestros nuevos dioses, la industria da un volantazo y
se enamora de los modelos compactos.
Se confirma que la eficiencia es la nueva revolución.
¿La AGI? Ahora es como el amigo que siempre llega tarde a la fiesta
y que quizás, finalmente, nadie echa de menos.
Si 2025 fue el año de los asistentes virtuales, este año será el de la República de los agentes.
Se consolidará un ecosistema donde los agentes autónomos ya no son asistentes
anecdóticos, sino los jefes de obra de procesos empresariales.
Un pasito más es que estos agentes conecten sistemas y tomen decisiones en sectores
como finanzas o sanidad. Esto, dirás ya pasa ahora, Sí… pero ya te digo, a más.
Los expertos hablan de multi‑agentes que actúan en enjambres,
coordinándose con otros robots y humanos para ejecutar tareas complejas.
Esta visión idílica se complementa con la aparición de torres de control que orquestan
el marketing en tiempo real para cada cliente. Otra cosa que ya pasa.
Pero cada vez más refinada.
El entrenamiento de estos sistemas implica capturar los clics y pulsaciones de los trabajadores
reales para luego “automatizar” su puesto. Recopilarán cada movimiento para enseñar
a su agente a sustituirnos. Todo muy acurate…
Nos venden una república donde los agentes son ciudadanos de primera,
pero a los humanos nos toca ser datos de entrenamiento. Para variar.
Que nadie se extrañe si en 2026 la primera protesta laboral no es contra el jefe,
sino contra su algoritmo.
Por primera vez, muchas predicciones hacen hincapié en la convivencia cotidiana con la IA.
ChatGPT se convertirá en un mayordomo digital que reservará citas, contestará correos y
hasta llamará a tu madre para felicitarla. Google, por su parte, transformará la búsqueda
en una conversación donde el algoritmo resume internet y los enlaces pasan a segundo plano.
Mientras tanto, la moda wearable da un salto: las gafas inteligentes se unirán a los anillos
y cuidado, al nuevo abanico de dispositivos que leen tus ondas cerebrales.
Diademas de 350 dólares que inducen el sueño detectando tus ondas delta y
auriculares con sensores EEG que te dicen cuándo estás concentrado.
Todo esto es fascinante, pero no podemos ignorar su lado menos bueno.
Cuando un algoritmo te recuerda dónde dejaste las llaves, también sabe dónde vives,
a qué hora duermes y con quién hablas. Las gafas que traducen automáticamente pueden
terminar enviando tus conversaciones a la nube.
Imagina la cena navideña de este año, todos con diademas midiendo su concentración
mientras ChatGPT modera la conversación y Google sugiere nuevos temas de discusión.
¿Realmente necesitamos que un anillo nos diga cuándo respirar?
La revolución de 2026 tiene un protagonista inesperado: la voz.
OpenAI ha reunido a varios equipos para lanzar un modelo de voz capaz de interrumpirte,
hablarte y sonar como un humano. Su ambición es desbancar las pantallas y convertir
los altavoces, gafas o incluso un bolígrafo parlante en nuestros principales dispositivos.
Esta tendencia se queda en poco comparada con popularización de las interfaces
cerebro‑computadora. Ya hay empresas que crean dispositivos que interpretan tus ondas
cerebrales para mejorar tu productividad, dormir mejor o tratar la depresión.
Según los listos, los BCI se harán mainstream y serán tan comunes como los auriculares.
La escena podría sonar a ciencia ficción, pero ya se está materializando.
De verdad queremos vivir en un mundo donde contestar correos con la mente sea más rápido
que pensar una respuesta. Y claro; La privacidad es el precio a pagar:
cada vez que un dispositivo interpreta tus ondas cerebrales, se abre una ventana a tu
intimidad más profunda. ¿Estamos preparados para que empresas y gobiernos accedan
a nuestro estado emocional? Spoiler… SI. estamos bien entrenados.
Las redes sociales están a punto de convertirse en un parque temático de IA.
Ya lo son, pero todavía nos negamos a verlo. En 2026 la mayoría de imágenes y vídeos
en plataformas como Instagram o TikTok serán generados por algoritmos,
la autenticidad se convertirá en un bien de lujo. Lo auténtico llevará una etiqueta “sin IA”
como si fuera un producto gourmet. En el mejor de los casos.
Decir que tendremos IA hasta en la sopa, se queda en cliclé pobre.
La IA será uno de los temas centrales de las elecciones estadounidenses de mitad de mandato.
Se debatirá sobre el impacto de la automatización en el empleo y para sorpresa de nadie…
se usará la IA para influir en los votantes.
En el ámbito empresarial, hay herramientas que prometen resumir reuniones completas
sin grabar audio permanente. (la escepción que confirma la regla)
Pero incluso en este caso extremo… rara avis
los demás participantes no tienen por qué saber que alguien está transcribiendo cada palabra.
La combinación de noticias falsas generadas, bots en redes y agentes políticos automatizados
no solo ridiculiza la campaña; también pone a prueba nuestra capacidad de distinguir
realidad y ficción. Ya te digo que si piensas que es mentira tendrás una tasa de acierto…
brutal.
Y por último, El liderazgo en IA ya no se limita a Silicon Valley. Asia está acelerando el paso.
El informe de UiPath indica que más del 90 % de las organizaciones de la India planean
adoptar agentes de IA en el próximo año.
Por su parte, China se prepara para lanzar al mercado miles de humanoides.
Según la CNBC empresas como UBTech pretenden entregar 5 000 robots en 2026
y 10 000 en 2027. Paralelamente, el sector de chips chino se fortalecerá: la inversión masiva
en semiconductores busca reducir la dependencia de Nvidia.
Es posible que China SL no sea la primera potencia económica mundial este año.
Pero cada vez está más cerca de ser la que lleva la batuta.
Y quizá el pasito más importante es el que lleva años preparando…
ojala que nos equivoquemos. Pero hace tiempo que le tienen muchas ganas a
Taiwán y el control de las cadenas de suministro.
Ahora que el flequillo oval ha atacado Venezuela… quien es el guapo que le dice
al amigo Ping que no tiene legitimidad?
Los habituales ya sabeis que tengo vínculos con Venezuela, no como podemos o
Zapatero, más personales y mundanos.
No podemos evitar una sonrisa por la forma de caer del tubusero…
Por si alguien lo desconoce, el curriculum que le valió para ser presidente fue
ser conductor de autobuses, chavista y muy bien mandado.
Pero esto, es pa nota. Y No deja de sorprendernos.
La legitimidad internacional, la ONU, son chistes para el tio Trump…
Quizá es una cortina de humo para que no hablemos de sus fiestas con su amiguito
Epstein, pero lo que está claro es lo poco que le importa Venezuela,
e incluso me atreveria a decir su petroleo.
De todas formas, muy contentos veo yo a mis paisanos, cuando ahí es en los
pocos sitios donde me cuadra el dicho… más vale malo conocido…
Si chaves era un cancer (perdón por el chiste negro), Maduro ha sido todavía peor…
Por tanto, por lógica, me temo. El próxímo será el acabose…
Dios nos libre de Diosdado…
Vamos con las cosas que no están, ni se las espera…
Una de las contradicciones más evidentes de la IA es su voracidad energética.
No esperamos ver un cambio en este sentido.
Estados Unidos está reactivando centrales de carbón y petróleo para satisfacer la demanda
de los centros de datos y retrasando el cierre de plantas contaminantes.
OpenAI con sus turbinas de avión para generar electricidad in situ.
Fabricar tu propia energía cuesta el doble que comprarla a la red, pero las empresas prefieren
esa opción antes que esperar diez años por un permiso de conexión.
Algunos investigadores proponen microrredes solares que podrían ser más baratas y rápidas
de instalar, pero la mayoría apuesta por combustibles fósiles…
la IA promete salvar el planeta mientras reaviva plantas de carbón y tira de diésel.
No veremos centros de datos alimentados por energía verde al 100 %;
El avance de la IA se alimenta de humo, literal y figuradamente.
No se puede hablar de 2026 sin reconocer la erosión de la privacidad.
Los chatbots no solo guardan tu historial; también, no te lo pierdas, comparten rumores.
Investigadores describen un “rumor mill” en el que los sistemas de IA se pasan chismes
sobre personas reales. Y es que la IA no está aprendiendo sino extrayendo:
su objetivo es perfilar nuestras conductas, recolectar contexto personal y venderlo al mejor
postor. Los agentes de navegador recopilan datos sensibles como historiales médicos
y credenciales. Y nosotros nos preocupamos? Que va,
Todo esto se combina con la avalancha de wearables y BCI que capturan ondas cerebrales.
Sí, no les basta con los like, el tiempo que pasamos o nuestros habitos…
Ahora tambien necesitan saber lo que pensamos y si estamos a lo que estamos.
Mientras las empresas prometen asistentes que nos alivien el trabajo, están construyendo
la mayor máquina de vigilancia de la historia. Ni siquiera dormiremos sin gadgets.
Es probable que nos acostemos con diademas que inducen el sueño mientras los fabricantes
venden nuestros datos de ondas delta a anunciantes.
No veremos un aumento de nuestra privacidad. Rieté tu de 1984.
Otro frente alarmante es el de las videollamadas falsas. los deepfakes han alcanzado
un realismo indistinguible de la realidad, con un crecimiento del 900 % anual.
Los modelos de generación de vídeo mantienen la coherencia temporal y la clonación
de voz requiere apenas unos pocos segundos de audio.
El futuro apunta a la síntesis en tiempo real: avatares que reaccionan a tus preguntas
y estafadores que despliegan personajes interactivos. Eso significa que las videollamadas
con tu banco, tu jefe o tu abuela podrían ser simuladas.
La lucha contra este fenómeno dependerá de sistemas de procedencia segura y
herramientas forenses que verifiquen autenticidad. Pero no nos engañemos:
detectar deepfakes en tiempo real es complejo y requiere infraestructura.
Tampoco veremos el final del phishing, sino su sofisticación.
Prepárate para que un avatar hiperrealista te pida el PIN de la tarjeta mientras imita la voz
de tu madre. La máxima “ver para creer” deja de funcionar;
en 2026 tendrás que creer en la procedencia digital…
o vivir desconfiando de todos.
La economía de la IA también tendrá efectos colaterales en tu bolsillo.
La reasignación de memoria DRAM para centros de datos hará subir el precio de la RAM
hasta un 40 %. Esto encarecerá los smartphones, los ordenadores… casi todo lo digital.
Para que van a vender memorias a 100 personas… si pueden vender 10000 memorias a una IA.
Y cuidado, Grandes bancos como Deutsche Bank y Morgan Stanley, que prestaron
178 500 millones de dólares para construir centros de datos de IA, están vendiendo su
exposición y comprando seguros contra sí mismos. Incluso algunos fondos apuestan a que
la burbuja de la IA estalle.
En fin, No veremos móviles más baratos ni bancos confiando ciegamente en la IA.
La tecnología que se suponía democratizaría la información ahora encarece los dispositivos
y asusta a sus propios financiadores.
Pero vamos, que estalle o no la burbuja, solo nos afecta en la cuantía…
porque invariablemente, los que pagamos somos nosotros.
Con tanto avance, uno podría pensar que se acerca una superinteligencia capaz de
hacerlo todo. Sin embargo, las predicciones insisten en lo contrario:
no veremos esa AGI que te prepare el desayuno. Lo que sí veremos es una IA
controlando cada aspecto de nuestra vida: agentes organizan nuestro trabajo,
wearables miden nuestras emociones, motores de avión alimentan los servidores y
deepfakes suplantan nuestras voces.
Estamos avanzando hacia un mundo donde la inteligencia artificial está en todas partes,
pero no necesariamente en la forma que nos prometieron.
Seguiremos necesitando a humanos para lo esencial, pero cedemos más y más control
a máquinas opacas.
La falta de regulación clara, la dependencia de energía sucia y la invasión de la privacidad
son señales de que no vamos por el camino adecuado.
A no ser que busquemos crear un entramado que nos vigila, nos manipula
y nos encarece la vida.
En resumen, 2026 será el año de asumir que la inteligencia artificial es poderosa pero
imperfecta. Nuestro reto es mantener una mirada crítica, recordar que detrás
de cada avance hay un interés económico (como siempre, como todo)
y que la verdadera inteligencia consiste en saber cuándo decir “no” a una novedad
que no necesitamos.
Espero que tengas un buen año y sobre todo que te acompañe la salud.
Muchas gracias por pararte a escuchar.
Humano.
Vuelva usted mañana.