Las denuncias contra Scale AI ponen el foco en los trabajadores que preparan los datos con los que aprenden los modelos de inteligencia artificial. Según Reuters, la organización europea de defensa de la privacidad noyb ha presentado cinco reclamaciones en Francia, Italia, los Países Bajos y Austria por la vigilancia presuntamente ilegal de profesionales que trabajan en Outlier. La plataforma ofrece trabajo autónomo. Las denuncias cuestionan cuánto espacio queda para la autonomía cuando se registra hasta el movimiento del ratón.
El supervisor también mira las teclas
Outlier reúne a más de 900.000 trabajadores independientes, según el reportaje. Realizan tareas para producir datos de entrenamiento destinados a empresas como Meta, OpenAI y Google. Meta posee el 49 % de Scale AI.
Las reclamaciones consultadas por Reuters describen hasta 19 herramientas de seguimiento que monitorizan la actividad de los trabajadores, incluidas pulsaciones de teclas y movimientos del ratón cada pocos segundos. No se trata de diecinueve aparatos alrededor del escritorio, sino de mecanismos digitales de rastreo.
La investigación del colectivo parisino DiPLab sostiene que los registros permiten reconstruir una sesión de trabajo en un vídeo. El resultado sería una reproducción de la actividad de principio a fin. La flexibilidad laboral, acompañada de una función de reproducción.
Tu identidad, tu cara y otra comprobación
Los trabajadores también deben entregar documentos de identidad y un vídeo de su rostro a Persona, la empresa encargada de la verificación. Las denuncias alegan que estos controles son invasivos, se repiten sin explicación e incumplen las normas europeas sobre datos biométricos.
Estas son acusaciones pendientes de evaluación por las autoridades, no infracciones establecidas mediante una resolución. Verificar la identidad puede tener una finalidad legítima; la controversia está en cómo se hace, qué información se recoge y si el tratamiento cumple las garantías exigibles.
Hay otro problema menos vistoso, pero especialmente revelador. Según las reclamaciones, cuatro trabajadores solicitaron copias de sus datos correspondientes al periodo entre diciembre de 2025 y mayo de 2026. Ninguno recibió respuesta. La plataforma tendría herramientas para observar al trabajador; el trabajador, según los denunciantes, no consigue observar lo que la plataforma sabe de él.
La libertad empieza cuando hay tareas
DiPLab también describe incentivos propios de los videojuegos. Thomas Le Bonniec, que investigó Outlier durante dos años, explica que los trabajadores entrevistados recibieron ofertas de entre 100 y 200 dólares adicionales por completar 200 tareas en 24 horas.
Su objeción va más allá de las bonificaciones: la disponibilidad de tareas condiciona cuándo pueden trabajar. La promesa de elegir horario pierde parte de su encanto cuando la oportunidad de cobrar aparece con cuenta atrás.
Noyb pide sanciones y que los reguladores examinen cómo se asignan las tareas. Reuters señala que Scale AI no respondió de inmediato a su solicitud de comentarios.
La cuestión de fondo no es si la inteligencia artificial necesita datos de calidad. Es si producirlos justifica convertir cada gesto laboral en información aprovechable. La autonomía no debería consistir en asumir los riesgos de trabajar por cuenta propia mientras otro conserva todos los mandos.
