Revista HUMANía

Tu teléfono, tu correo y tus conversaciones. Todo a la venta… publicitaria

404 Media

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Una investigación publicada por 404 Media revela hasta qué punto ha llegado la publicidad personalizada en ChatGPT. Y resulta que la inteligencia artificial también ha aprendido una de las grandes tradiciones de Internet: convertirnos en público objetivo.

El periodista Joseph Cox comprobó que los anunciantes pueden crear campañas dirigidas a usuarios de ChatGPT utilizando direcciones de correo electrónico, números de teléfono e identificadores publicitarios de Android.

Y no solo eso. Los anuncios también pueden seleccionarse según los temas que tratamos en nuestras conversaciones.

Vamos, que tú le preguntas a ChatGPT cómo mejorar tu privacidad y el sistema publicitario puede decidir que eres el candidato perfecto para venderte algo. La ironía viene incluida, sin coste adicional.

Para demostrarlo, 404 Media publicó sus propios anuncios advirtiendo precisamente sobre la privacidad de ChatGPT.

OpenAI confirma que permite cargar listas de contactos, aunque exige un mínimo de 25.000 usuarios coincidentes para dirigir anuncios a esas audiencias. Los anunciantes no pueden identificar individualmente a los usuarios que coinciden, y los archivos subidos se eliminan normalmente en menos de 24 horas.

Todo muy tranquilizador. Tus datos pasan por el sistema, pero prometen no quedarse a dormir.

Además, desactivar la personalización publicitaria no elimina los anuncios basados en la conversación actual. OpenAI sostiene que los anunciantes no reciben nuestros chats y que la publicidad no modifica las respuestas del asistente.

Hay un matiz importante: esta segmentación personalizada todavía no está disponible en el Espacio Económico Europeo ni en Suiza.

El verdadero problema no es que ChatGPT haya inventado una nueva forma de vigilancia comercial. Es que está incorporando mecanismos habituales de la industria publicitaria a un espacio donde compartimos información que difícilmente publicaríamos en una red social.

Antes Internet nos seguía para saber qué comprábamos. Ahora también puede utilizar lo que le preguntamos a una inteligencia artificial.

Y todo esto mientras seguimos llamándolo «asistente personal».

Personal, desde luego. Privado… eso ya depende de las condiciones del servicio.

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