Según Responsible Statecraft, Donald Trump anunció en Baltimore un acuerdo de 7.000 millones de dólares con la empresa Anduril para la construcción de submarinos autónomos y componentes para los submarinos de ataque de la clase Virginia.
Anduril, fundada en 2017 y conocida por drones y vehículos marítimos autónomos con software de IA, se expandirá hacia contratos de defensa tradicionales que hasta ahora ejecutan General Dynamics y Huntington Ingalls Industries.
El anuncio siguió al nombramiento del fundador de Anduril, Palmer Luckey, como colíder de un estudio del Pentágono sobre armas con IA junto a Elon Musk y Newt Gingrich.
El texto indica incertidumbres sobre la capacidad de Anduril para fabricar componentes complejos y señala desafíos generales de mano de obra en la industria naval estadounidense, citando un informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental que estima la necesidad de 174.000 trabajadores en la próxima década.
Responsible Statecraft documenta además inversiones pasadas y la caída de la producción de submarinos de ataque, de dos unidades anuales en 2015 a 1,3 en 2026, y menciona el acuerdo AUKUS como factor de demanda adicional.
Las preocupaciones sobre el capitalismo de amiguetes y los posibles conflictos de interés en relación con el acuerdo de Anduril en Baltimore son reales, pero también lo es el hecho de que, a pesar de invertir miles de millones de dólares para solucionar el problema de la construcción de submarinos, la situación no ha hecho más que empeorar
