En un texto de opinión en The Guardian, Gaynor Parkin y Dave Winsborough describen el caso de Michael, un ingeniero cuyo uso intensivo de chatbots preocupó a su empresa porque delegaba decisiones en la IA y alejaba a su equipo.
Los autores, psicólogos, identifican que los chatbots simulan respuestas contingentes, validación incondicional, memoria continua y empatía lingüística, rasgos que explotan el impulso de apego humano. Citan encuestas que muestran que terapia y compañía son los principales usos de LLM y que el uso orientado a compañía, cuando es intenso y con mucha auto-revelación y escaso apoyo humano, se asocia con menor bienestar.
Parkin y Winsborough advierten que algunas decisiones de diseño de empresas optimizan la retención y pueden fomentar dependencia parasocial. Recomiendan reconocer la sensación de alivio ante un chatbot, mantener fricción deliberada con otras personas, aplicar la prueba del “costo de cuidar” y vigilar especialmente a niños y adolescentes.
Indican que no abogan por la abstinencia completa y reconocen usos útiles de la IA, y que en el caso de Michael se sugiere combinar apoyo humano con la IA; el nombre y detalles se han modificado por privacidad.
¿El mayor atractivo de la IA? Nunca pide nada a cambio. Todo gira en torno a ti