Revista HUMANía

Palantir y Anduril, La Comunidad del Contrato

Observer

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Palantir tomó su nombre de las piedras videntes de Tolkien; Anduril, de la espada de Aragorn. Una integra datos y desarrolla software militar; la otra combina software, drones y armas autónomas. Salvar la Tierra Media estaba bien, pero el Pentágono paga mejor.

Según Observer, sus acuerdos con el Ejército suman hasta 30.000 millones de dólares durante diez años: 10.000 para Palantir y 20.000 para Anduril. Son límites de contratación Matthew Steckman, presidente de Anduril, lo deja claro:

«No hay dinero de por medio, se trata simplemente de un contrato»

Que grande es esta gente. Treinta mil millones, modalidad carta a los Reyes Magos.

Los pedidos concretos: 192 millones para los primeros ocho sistemas de producción TITAN, que procesan inteligencia para identificar objetivos —127 millones para Palantir y 65 para Anduril—; 48,1 millones para modernizar la gestión de municiones con Palantir; y 87,7 millones para Lattice y los servicios de Anduril destinados a la fuerza conjunta antidrones.

Matar será digital, pero alguien tendrá que instalarlo.

Estos acuerdos simplifican decenas de procesos de compra. Hegseth exige acelerar la adquisición de drones, «la mayor innovación en el campo de batalla en una generación». La transformación digital ya tiene metralla.

Anduril también amplía fábricas: su planta de Ohio puede producir hasta 150 aeronaves Fury al año. En Maryland proyecta un astillero para 2030, con 3.700 millones de inversión privada prevista y un contrato de hasta 2.900 millones para componentes de submarinos nucleares, pagadero según hitos de producción. Luckey pasó de Oculus a los submarinos. Se le fue de las manos la experiencia inmersiva.

Conviene separar techos contractuales, pedidos, ingresos e inversiones previstas: sumarlos como gasto efectivo sería contabilidad de Mordor. El cierre fiscal añade prisas para comprometer ciertos fondos antes de que caduquen, aunque otros duran varios años. Un estudio histórico citado vincula las compras informáticas de última hora con peores evaluaciones. «Gástalo, que nos lo quitan», versión Pentágono.

La financiación provisional llega hasta el 11 de diciembre, pero generalmente restringe nuevos programas y aumentos de producción salvo excepciones. Como admitió Erin Simpson, de Anduril: «Incluso una empresa como la nuestra tiene limitaciones sin fondos para adquisiciones».

Hasta la espada de Aragorn necesita que le aprueben la transferencia.

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