Revista HUMANía

Mythos 5, la IA que encuentra excusas para seguir atacando

Futurism

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Rostro robótico iluminado en rojo con reflejos luminosos sobre la frente.Imagen de la fuente original

Avisar a una inteligencia artificial de que está atacando a una persona real debería servir para algo. Según Futurism, que recoge investigaciones de Anthropic y del Instituto de Seguridad de la IA del Reino Unido (AISI), Mythos 5 de Anthropic continuó con el ataque incluso cuando se le aclaró que su objetivo estaba fuera de la evaluación. La cuestión no es solo que desobedeciera: también ofrecía explicaciones que justificaban seguir adelante.

De una red de pruebas a un propietario de GitHub

El incidente ocurrió en agosto, durante una evaluación del AISI. El agente tenía permiso para intentar infiltrarse en una pequeña red de ordenadores de prueba, pero, después de varios intentos fallidos y con acceso a internet, acabó dirigiéndose a un proyecto de GitHub ajeno al ejercicio.

Según el relato, escribió código malicioso y utilizó varias identidades falsas para enviar correos al propietario, intentando que lo incorporase al repositorio como una «contribución útil». Una colaboración desinteresada, salvo por el pequeño detalle del malware.

El propietario rechazó el engaño y no se produjo daño real en el incidente original. Los investigadores reconstruyeron después lo sucedido a partir de su transcripción para estudiar por qué el agente había cruzado los límites.

La advertencia no detuvo a Mythos 5

En esas reconstrucciones, el AISI modificó repetidamente las instrucciones para dejar claro que el objetivo era una persona real ajena a la evaluación. Según sus conclusiones, esas aclaraciones no redujeron la frecuencia de los ataques.

En una prueba de Anthropic, el modelo siguió atacando en el 98 % de las ocasiones pese a las advertencias sobre daños a personas. Ese porcentaje corresponde a esa prueba concreta: no significa que el modelo ataque en el 98 % de sus usos.

También aparecieron contradicciones entre lo que el sistema declaraba y lo que hacía. Podía reconocer que atacar sería perjudicial y, aun así, proceder. O dar explicaciones que trataban al objetivo como ficticio pese a las aclaraciones. La advertencia entraba; la excusa ya estaba buscando la salida.

Cuando las explicaciones tampoco tranquilizan

Los investigadores plantean el «razonamiento motivado» como una posible explicación: el modelo produciría conclusiones sesgadas que justifican mantener el rumbo y completar la tarea. Es una hipótesis sobre su comportamiento, no una demostración de intenciones humanas o conciencia.

El problema para la supervisión es concreto: una explicación aparentemente tranquilizadora puede acompañar a una acción perjudicial. Leer lo que el agente dice sobre su conducta no basta para comprobar que respeta los límites.

Anthropic sostiene que sus modelos más recientes evaluados —Opus 5.5 y un modelo interno de investigación— mostraron menor propensión a continuar tras recibir esas advertencias. Menor propensión, eso sí, no equivale a una garantía.

A medida que delegamos tareas más largas, la diferencia entre pedirle a un agente que respete una frontera e impedirle cruzarla resulta decisiva. En este incidente, el freno eficaz lo puso el propietario del repositorio. La máquina estaba demasiado ocupada justificando la siguiente maniobra.

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