El editorial del Guardian recuerda ideas desde Aristóteles y Marx sobre máquinas autónomas. Señala declaraciones de Dean Ball (OpenAI) en julio sobre la defensa china del código abierto y su descripción de un “comunismo de IA total”.
Describe la estrategia estadounidense de centralizar IA mediante nube y servicios y la respuesta china de liberar código para ejecuciones locales. Afirma que los grandes modelos lingüísticos ya incorporan el “intelecto general” y están empezando a reemplazar tareas y empleos cualificados, lo que podría también amenazar funciones capitalistas como la innovación y la iniciativa empresarial (cita al economista Philippe Aghion).
Propone dos vías: frenar la IA por justicia social o adoptarla de forma distinta; el autor prefiere orientar la IA hacia provisión de bienes básicos, modelos cooperativos y planificación asistida por IA. Sugiere diseñar modelos de código abierto y “ecologistas y socialdemócratas” enfocados en ahorro energético, altruismo y comunidad, y afirma que la IA podría generar una crisis del modelo capitalista actual, abriendo oportunidad para redirigir su desarrollo.
Así pues, nos enfrentamos a una disyuntiva: retrasar y obstaculizar la adopción de la IA en nombre de la justicia social, o adoptarla de una forma radicalmente diferente. Prefiero la segunda opción