Revista HUMANía

La culpa fue de la IA: el algoritmo no tiene abogado, pero sus dueños sí

Stanford HAI

Leer en el medio original (se abre en una pestaña nueva)

Composición central de franjas paralelas azules entrelazadas que generan formas geométricas similares a letras sobre fondo blanco.Imagen creada con IA
Imagen creada con IA · Modelo: GPT 6.1.

Cuando una IA causa daño, señalar al algoritmo resulta comodísimo: no protesta, no dimite y tampoco paga indemnizaciones. En una entrevista publicada por Stanford HAI, la investigadora Deb Raji plantea la pregunta incómoda: ¿qué personas tomaron las decisiones y cómo demostramos su responsabilidad?

Para Raji, aprobar leyes no basta: hay que poder hacerlas cumplir. Eso exige herramientas para auditar sistemas, registrar incidentes y reunir pruebas, además de organismos con recursos. La ética en una diapositiva queda preciosa; inspeccionar cuesta dinero.

El problema se agrava en administraciones, educación y sanidad: sus decisiones pueden afectarte aunque jamás hayas abierto un chatbot. Y si ni siquiera sabes que intervino una IA, difícilmente podrás impugnar su actuación. El consentimiento viene de serie: usted ya estaba viviendo en sociedad.

Raji también cuestiona que la atención se concentre en catástrofes extremas mientras daños actuales, acumulativos y menos espectaculares quedan relegados. Reclama escuchar a investigadores independientes y sociedad civil, no solo a directivos.

Salvarnos de una hipotética IA apocalíptica está fenomenal. Exigir responsabilidades por la que ya se utiliza también tendría su puntito innovador.

Arriba