Freelancers afrontan una creciente carga de trabajo al revisar y corregir textos generados por inteligencia artificial. Esta limpieza de “slop” —contenido repetitivo, impreciso o sin voz— resulta rutinaria y mal pagada, y muchos profesionales la describen como una tarea desmoralizadora. El fenómeno obliga a periodistas y redactores a dedicar tiempo a pulir material sin alma en lugar de crear, lo que agrava la precariedad laboral y plantea preguntas éticas sobre el uso de IA en medios y plataformas que externalizan la corrección a trabajadores independientes.
Lo que le preocupa es que la gente cada vez ve más la IA no como una herramienta, sino como la solución definitiva al proceso creativo.