El entrenamiento de robots tiene una parte bastante menos futurista que sus presentaciones: personas grabándose mientras cosen, limpian o cortan el pelo. Empresas dedicadas a recopilar datos pagan por esas imágenes y las venden a laboratorios que desarrollan máquinas capaces de actuar en el mundo físico. La inteligencia será artificial; la experiencia la pone alguien que lleva diez años trabajando con las manos.
El robot necesita aprender un oficio. Tú ya lo tienes
Mohammed Ashim, un barbero de 22 años en Bengaluru, lleva una cámara en la cabeza durante cinco o seis horas diarias. Debe mantener las manos dentro del encuadre, cuidar la iluminación y evitar movimientos bruscos. Además de atender al cliente, ahora toca ejercer de material didáctico.
Según el texto, Rashdan Technologies paga entre cinco y diez dólares por ocho a diez horas de trabajo grabado. Es un ingreso adicional por registrar tareas que los participantes ya realizan. Otras modalidades ofrecen tarifas distintas: una profesora que graba sus tareas domésticas afirma cobrar entre dos y tres dólares por hora.
IA física: tus manos saben lo que internet no explica
La IA física, que permite controlar robots en entornos reales, necesita aprender movimientos, coordinación y formas de manipular objetos. Un vídeo aporta información visual; para registrar contacto o fuerza se utilizan también dispositivos específicos. Ver una botella no equivale a saber cuánto apretarla. Una distinción sencilla, especialmente cuando toca recoger los cristales.
Humyn Labs afirma contar con 96.000 recolectores de datos. Después, selecciona, etiqueta y estructura las grabaciones para sus clientes. Tampoco sirve cualquier escenario: una vivienda india no reproduce necesariamente las condiciones de una casa estadounidense. Resulta que el mundo real tiene la mala costumbre de no venir estandarizado.
Cobrar hoy, preguntarse mañana
Las empresas aseguran que recaban consentimiento y difuminan rostros. Pero la privacidad no resuelve otra pregunta: ¿pueden estas grabaciones ayudar a automatizar los empleos de quienes las producen? Es una posibilidad, no un desenlace, que sepamos.
Para Mohammed Arman, trabajador textil con una familia que mantener, aceptar el ingreso extra es una cuestión de supervivencia. Mientras tanto, los intermediarios también temen que la competencia reduzca el valor del vídeo y concentre el negocio en quienes lo procesan.
El futuro está aprendiendo un oficio. Estaría bien que quienes se lo enseñan pudieran seguir viviendo del suyo.
