Emily Oberg, fundadora en el sector de la moda, probó herramientas de inteligencia artificial en sesiones fotográficas y concluye que la IA puede aprender estilos pero no “poseer buen gusto”. En su experiencia, los resultados carecían del matiz emocional y de la intuición que aportan los equipos humanos: la IA reproduce patrones pero no la sensación o intención detrás de una imagen.
Desgraciadamente en HUMANía ya nos hemos dado cuenta de que a la IA le falta mucho por aprender, pero lo puede aprender todo. Y lo hace muy rápido.
El debate subraya límites actuales de la IA creativa y plantea preguntas sobre cómo combinar tecnología y criterio humano en proyectos visuales y de marca. Otro melón que apenas estamos despuntando.
“La IA más inteligente del mundo puede aprender todo lo que hay que saber sobre gusto y estilo”, añadió, “pero la sensación nunca estará presente”.