El texto, aparecido en The Guardian, relata cómo el miedo a la inteligencia artificial ha impregnado el imaginario público: un conocido confiesa desear no haber tenido hijos por la amenaza de la IA.
La autora atribuye la apatía social ante ese riesgo a dos causas que identifica: la erosión de la atención y la capacidad de acción colectiva por teléfonos inteligentes y redes sociales, y el inmenso poder político de las grandes tecnológicas.
Propone que la respuesta pasa por «despertar», recuperar el pensamiento crítico y reafirmar los pilares del florecimiento humano: resolver problemas por uno mismo, cuidar relaciones interpersonales y mantener una relación directa con la naturaleza, en lugar de depender de máquinas o pantallas.
¿Por qué nos mostramos tan impasibles ante lo que, en la actualidad, es una amenaza evitable?