Estados Unidos y Rusia han encontrado algo en lo que entenderse: poner obstáculos a nuevas reglas vinculantes sobre armas autónomas. Así lo cuenta The Guardian.
La coincidencia merece atención. Sobre todo porque lo que está en juego es cuánto control conservan las personas cuando una máquina puede seleccionar un objetivo y atacarlo.
Un entendimiento con antecedentes
La resistencia viene de atrás. Human Rights Watch denunció el 7 de septiembre que ambos países habían debilitado el texto elaborado por el grupo de expertos de la ONU. Según la organización, desaparecieron referencias a consideraciones éticas y a características como la predictibilidad, la fiabilidad y la trazabilidad de estos sistemas. El documento conservó, sin embargo, el reconocimiento de que el control y el juicio humanos son necesarios para cumplir el derecho internacional. Ese balance de las negociaciones ayuda a entender la disputa actual.
Conviene precisar qué significa aquí «ponerse de acuerdo»: coincidir en una posición negociadora. No demuestra una alianza militar ni un pacto bilateral.
Qué deciden las armas autónomas
El Comité Internacional de la Cruz Roja explica que estos sistemas, una vez activados, pueden seleccionar objetivos y aplicar fuerza sin una nueva intervención humana. No todo dron es autónomo ni toda aplicación militar de inteligencia artificial decide cuándo disparar. La diferencia está en quién selecciona el blanco y autoriza el ataque concreto. La explicación del CICR distingue estas funciones.
Tampoco existe un vacío legal absoluto: el derecho internacional humanitario ya se aplica. La discusión consiste en establecer prohibiciones y restricciones adicionales, específicas y obligatorias.
El CICR propone prohibir los sistemas de efectos imprevisibles y los diseñados para atacar directamente a personas, además de limitar el uso de los demás. La conferencia de revisión de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, del 16 al 20 de noviembre, ofrece una oportunidad para iniciar esas negociaciones.
La velocidad no es una garantía
En un análisis publicado el 15 de octubre, la responsable jurídica del CICR, Cordula Droege, advertía de la distancia entre las pruebas técnicas y un campo de batalla: información incompleta, engaños deliberados y civiles que aparecen donde el sistema no espera encontrarlos.
Procesar datos más deprisa puede ofrecer una ventaja militar. No garantiza una mejor protección de las personas. Droege sostiene que los ensayos de seguridad y los compromisos voluntarios no sustituyen las reglas internacionales que deben establecer los Estados.
La mirada HUMANía
Hay algo revelador en esta coincidencia. Podemos discutir eternamente sobre quién debería controlar la inteligencia artificial y descubrir que, cuando toca limitar su capacidad de ejercer violencia, aparece un entendimiento bastante práctico entre rivales.
La responsabilidad empieza antes del disparo: al decidir qué se construye, dónde se permite utilizarlo y qué garantías se exigen.
Para acelerar una decisión letal, la velocidad se presenta como una virtud. Para acordar sus límites, de pronto todos los minutos del mundo parecen necesarios.
