Anthropic cambia sus normas el 12 de noviembre. Hay novedades, pero también prohibiciones antiguas reescritas. Actualizar el cartel de «prohibido» no significa haber instalado una cerradura.
La apertura relevante está en política: elimina la prohibición general de personalizar mensajes electorales y segmentar campañas. Argumenta que también bloqueaba tareas legítimas, como informar en otros idiomas. Siguen vetados el engaño y el abuso de datos personales. La puerta se ensancha; confiaremos en el felpudo.
Armas, vigilancia y propaganda: explicita que las restricciones incluyen software para dirigir armamento, drones armados y seguimiento sin consentimiento, también con datos históricos. Claude tampoco puede recomendar a quién investigar, detener o acusar. Las campañas con cuentas y medios falsos quedan agrupadas en una sección propia. Según Anthropic, esto ya estaba prohibido: responde a abusos detectados.
Si Claude controla maquinaria capaz de lesionar, añade supervisión de un operador que pueda detenerla y un estado seguro si se desconecta. En salud, finanzas y otros ámbitos sensibles mantiene supervisión humana e información al afectado.
También prohíbe el maltrato extremo, reiterado y gratuito al modelo, excluyendo frustración habitual, críticas e investigación. La respuesta principal será terminar la conversación. El chatbot podrá dar por acabada la bronca; tu impresora seguirá aguantando.
El motivo declarado: más autonomía y nuevos abusos. Estas normas describen lo permitido; no demuestran que puedan impedir lo prohibido.